La meditación es una aventura, una aventura hacia lo desconocido, hacia el interior de uno mismo, la gran aventura de todos los tiempos. Y para meditar esencialmente solo hace falta una cosa, permanecer consciente. Observar, permanecer atento. Y el propio fenómeno de observar con atención lo cambia todo. Uno se vuelve consciente de la propia consciencia y despierta. Y muy despacio se va acercando a responderse: Que es esto? (la llamada realidad de me rodea) ¿Quien soy?  ( o ¿qué soy?) ¿Donde voy? ¿Qué sentido tiene la existencia? En un camino, este de la meditación, donde si acaso hay un destino , este es simplemente "ser".

meditació sota el pi

Meditar , en palabras de Sogyal Rimpoche, es volver la mente a casa.  Y meditar en el mar quizás sea una buena manera de experimentar - por lo obvia e inspiradora de la situación - eso a lo que se le ha dado por llamar meditación oceánica ... dejar de sentirse gota de agua, un individuo, separado de todos y de todo, para experimentarse unido al todo, ser uno con ese todo, volver a casa, al origen,  como océano, no ya como gota ...

(clica aqui para zambullirte en una gota...)

El mar, en su inmensidad inspiradora, en su profundidad, en su inabastable horizonte, en su respiración, ola tras ola, desde el principio de los tiempos, desde antes de que el hombre fuera hombre, y que seguirá por milenios y millones de años, nos coloca en un espacio-tiempo atemporal,  flotante, excepcional. Poco he de hacer para entrar en sus ritmos, en su lenguaje, en sus mensajes ...

Esto, y quizás algunas cosas mas,  lo descubriremos cuando estemos allí, en el horizonte, en ninguna parte y en todas a la vez.

Caminante no hay camino,
sino estelas en el mar.

     Antonio Machado