A partir de permanecer por unas horas - o varios días – en un entorno completamente distinto al habitual, algo sin duda cambia en nuestra percepción y en nuestro estar” en el mundo. Escribió Sócrates:

Hay tres clases de hombres: los vivos, los muertos y los que navegan.”

horitzo

Navegar como lo hacían los antiguos, no en un crucero de lujo, sino en una pequeña embarcación propulsada solo por el viento, como griegos, vikingos o persas, permite que, por poco que no entorpezcamos el proceso, algo despierte, ALGO SUCEDA. Algo que esta impreso en nuestro inconsciente colectivo, arquetípico, que tiene que ver con "El viaje del héroe".  ( Leer mas ...)

Empezamos soltando amarras y este simple acto ya contiene un profundo simbolismo. "Soltamos amarres, dependencias, apegos ... ".  Iniciamos el viaje. Y nos adentramos en un nuevo mundo, un nuevo contexto, un nuevo paradigma.  La “tierra firme” da paso a la “tierra que fluye, que nunca és la misma, impermanencia pura”.  Del planeta Tierra, al planeta Mar. Otra materia, otra energía, otro modo de estar. El espacio seguro de la tierra, lo ya conocido, trillado, andado y desandado, lo viejo, deja espacio a nuevas vivencias. Del elemento tierra al elemento agua, de lo sólido a lo líquido, de la sensación a la emoción. Y de la seguridad de lo cotidiano, a lo incierto de no controlar cada detalle. Las rutinas y automatismos, las conductas reactivas, dan paso a tener que poner conciencia en cada gesto, en cada acto.

En un barco, el suelo se mueve bajo tus pies, como en la vida interior ...  Debes mantener el equilibrio siempre poniendo conciencia a tu verticalidad, a tu eje y tu centro. A las inercias del movimiento, a los posibles puntos de apoyo donde agarrarte… todo es distinto, incluso los nombres de las cosas son aqui otros...

Cuando suelto amarras, cuando la línea de la tierra queda ya lejos, corto por momentos o para siempre, el cordón umbilical que me une a mis viejos hábitos y patrones, a mis pasiones, a una parte de mi ego. Aquí, en el mar, el inmenso y inescrutable mar, la humildad es ineludible. Está en el agua, en el aire que respiro, en el sol que me calienta, en la inmensidad del marco de 360 grados sin obstáculos que me envuelve…  la puerta de entrada a mi vacío fértil.

Si has leído hasta aquí ya te habrás dado cuenta que esta actividad poco tiene que ver con un charter náutico.  Tampoco es una actividad únicamente lúdica, aunque también lo es. Tiene mas de viaje chamánico que de un simple paseo por el mar.   Por ello no te extrañe que cada cosa, cada actividad a bordo tenga un sentido mas allá de la cosa en sí. Trabajaremos en  la atención desde el primer momento. Atravesar la pasarela que une el muelle y el velero, será entrar en una nueva dimensión, una dimensión flotante. Un umbral a partir del que te deberás responsabilizar en cada momento de ti misma/o, de lo que haces, de lo que sientes, de lo que piensas ... un umbral a partir del que te invito a poner mas consciencia en ti misma/o y en el entorno que te albergue.